| La Memoria de la Tierra Exhumaciones de asesinados por la represión franquista |
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Su hija Antonia había nacido exactamente dos meses antes de que lo fusilaran. Creció marcada por la ausencia de un padre en casa y por el silencio que rodeada su muerte fuera de ella. Su madre le hablaba del padre asesinado, pero le enseñó a guardar silencio y a temer inmensamente a quienes la habían convertido en huérfana de un rojo. Durante muchos años, habitó el territorio del silencio, un lugar en el no podía hablar abiertamente de lo que había ocurrido. Y el miedo con el que fue educada hizo su trabajo durante este tiempo, conteniendo el deseo de buscarlo, de saber qué le pasó realmente, de poder hablar públicamente de la injusticia que padeció su familia y de la justicia a la que nunca tuvieron derecho. Pero la memoria seguía aletargada, latiendo, esperando una oportunidad para romper las cadenas del miedo y desenterrar ese pasado. Y ocurrió en enero del año 2004, cuando Antonia llevaba sesenta y ocho años arrastrando esa terrible ausencia. Desde Marchena, el pueblo que vio morir a su padre y la vio nacer a ella, Antonia se desplazó hasta Sevilla, para asistir a unas jornadas organizadas por la Asociación Memoria Histórica y Justicia de Andalucía. Allí vio por primera vez una bandera republicana y sin saber muy bien lo que representaba notó que aquel símbolo podía ponerla en peligro y le dijo a su hija Ana que a dónde la había llevado. Pero ese día el miedo con el que Antonia había convivido tantos años comenzó a evaporarse. Escuchó a gente que había padecido la misma pérdida y habló de su padre, de su ausencia, del temor permanente, de la clandestinidad a la que les había condenado la dictadura y que había permanecido durante muchos años de democracia. Ese día dejó de decir que habían matado a su padre y se atrevió a decir que lo habían fusilado. Para ella fue una tremenda conquista. A partir de ese momento, el miedo se evaporó de la vida de Antonia Parra y comenzó la búsqueda que siempre había querido emprender. Inició un camino sin retorno hacia una libertad que nunca había conocido. Por primera vez era una ciudadana, dispuesta a buscar una justicia que durante demasiados años se le había negado. Y fue tal la intensidad con la que inició ese camino que apenas tres años después, el primero de mayo de 2006, como presidenta de la Asociación Memoria y Dignidad de Marchena, Antonia Parra inauguró, en la que hoy es la Plaza de La Memoria de su pueblo, un monumento dedicado a las decenas de hombres y mujeres que fueron asesinados por haber creído en un mundo más justo y exento de privilegios. Desde que Antonia perdió el miedo han pasado muchas cosas en su pueblo. Pero lo más importante es que la sociedad ha ganado una ciudadana, una mujer que sigue trabajando para construir una justicia a la que le habían enseñado a renunciar. Una mujer que confiesa con mirada cómplice que ahora tiene una bandera republicana en su casa y que ya no se esconde para hablar de un padre del que se siente tremendamente orgullosa. |
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