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La Memoria de la Tierra
Exhumaciones de asesinados por la represión franquista

Epílogo, por Carlos Agüero Iglesia

Hacer memoria puede ser, además de recordar, proyectar hacia el futuro. Editar un libro, en cierta forma, también lo es. Este mismo, como todos de los que componen la colección Memoria de la Segunda República, es un ejercicio de humildad y de gran responsabilidad para todos los que hemos puesto nuestra ilusión en este proyecto.

Esta colección surgió con el objetivo de ofrecer una nueva mirada sobre aquel periodo histórico para construir desde las personas una historia, y en hacer historia para las personas.

La Segunda República fue sin duda una de las tentativas de modernización de España más importantes del siglo XX. La reforma agraria, la universalización de la escuela pública o el intento de democratización del ejército, son algunos hitos de aquel periodo democrático.

Aquel proyecto fue acometido no solo por grandes políticos e intelectuales muy notables, sino también por muchos hombres y mujeres anónimos. Quizá sirvan para ilustrar el carácter colectivo de esta empresa las palabras pronunciadas por un maestro poco antes de morir fusilado: "Si en el futuro te preguntan quien fui, diles a quienes te pregunten que un hombre probo y honrado que quiso sacar a este país del hondo agujero en el que se encuentra."

Aquellas palabras no fueron solo un testimonio. En ellas nos reconocemos y nos sentimos herederos del espíritu que las inspiró.

Descubrir y mostrar la identidad de aquellos hombres y mujeres republicanos nos ayuda a reconstruir nuestra propia identidad colectiva.

Nuestra generación fue privada de una parte decisiva de la memoria democrática. Por ello nos acercamos a nuestra historia sin miedo, pero con la enorme responsabilidad de ser herederos involuntarios de aquel olvido. Y de aquella derrota moral. Una derrota que ha sobrevivido soterrada hasta nuestros días. Pero en el olvido de lo que significó el proyecto de la Segunda República también perdimos la esencia del demos, del pueblo. Aquel periodo fue, según creemos, el germen de nuestra idea actual de ciudadanía.

Aún hoy se ofrece en las escuelas una visión incompleta de los avances democráticos en España: rara vez se hace justicia a cuantos contribuyeron a este esfuerzo. Y sin embargo, gracias a que muchas de las personas omitidas en el relato oficial mantuvieron intacta su dignidad, es posible la libertad de la que hoy disfrutamos.

El notorio abismo entre las jóvenes generaciones de nuestro país y el legado de la Segunda República pone de manifiesto la necesidad de explicar de la forma más exacta posible en qué consistió aquel proyecto emancipador. Y dotar a esta colección, en la medida de lo posible, de nuevas miradas hacia el pasado que nos permitan entender con absoluta certeza lo que significó aquel ideal democrático. Es decir, repensar la verdad de la Segunda República añadiendo lo excluido antes. Por ello se hace necesario ocupar ese espacio vacío. En suma, entendemos que una colección que pretenda recoger este legado, no puede olvidar lo ya olvidado antes. Justamente, lo que la dota de todo el sentido hoy. Los excluidos de nuestra historia reciente. Las ultimas victimas del olvido.

El ideal de aquella República terminó en una guerra civil de la que todos fuimos victimas, pero los perdedores, a pesar de todo, han logrado salvarnos de la desmemoria, y de la no verdad como fundamento de nuestra democracia. La verdadera ciudadanía nos exige aspirar siempre a la Verdad. La presente colección se propone restituir de plena significación a aquel intento de mejorar la calidad de vida de los más desfavorecidos, con el rigor que por ello se merecen aquellos hombres y mujeres.

Finalmente, quisiera expresar mi agradecimiento a Editorial Tébar y muy especialmente a su director, Álvaro Tébar, por entender y compartir el compromiso y apoyo imprescindibles para llevar a cabo una colección como la que nos ocupa.