| La Memoria de la Tierra Exhumaciones de asesinados por la represión franquista |
||
|
|
||
Era la mañana del 1 de septiembre de 1936. Un camión repleto de falangistas aparcó a la entrada del pueblo. "Aquella mañana madrugaron -recuerda-. Tardaron cinco horas en arruinarnos la vida". Requeridos por el cura del pueblo, los falangistas buscaban un arsenal de armas de los guerrilleros que no encontraron. "Registraron el pueblo de arriba a abajo. Y cuando vieron que no había nada se llevaron a mi padre, a mi tío y a otros tres vecinos". Cuando los subieron a la camioneta y se puso en marcha, Senén salió corriendo con todas sus fuerzas, tratando de rescatar al padre de una muerte segura. Corrió y corrió con todas sus fuerzas hasta que ya no pudo más. "Se lo llevaron; nos lo quitaron para matarlo aquí y castigar a toda la familia". Senén García tiene ahora 77 años y dedicó su vida a trabajar en la mina y a cultivar algunas fincas de la familia. Durante muchas décadas no habló con nadie del lugar donde descansaban los restos de su padre. Era un secreto que se susurraba en las cocinas o en la oscuridad de las alcobas. Su hija Rosa apenas supo hace diez años dónde había muerto su abuelo. "Me decían que había muerto en la guerra, pero hasta entonces no supe nada de que lo hubieran asesinado y enterrado en una fosa, al borde de una carretera por la que paso casi todos los días". Cerca del kilómetro 11 de la autovía que sale de Ponferrada en dirección a Villablino había dos fosas. En ellas descansaban cinco hombres: los hermanos Pascual y Antonio García y los otros vecinos de Fresnedo; Florentino Enríquez, Santiago García Arroyo y Cesáreo Fernández. Los cinco fueron asesinados aquel primero de septiembre de 1936, después de que salieran de Fresnedo en esa camioneta que Senén no pudo alcanzar. La carrera con la que Senén se despidió de su padre no fue el punto final de su tragedia. Cuando regresaba al pueblo vio una terrible humareda. Su casa y la de su tío estaban ardiendo. Corrió hacia allí y, al llegar, encontró al grupo de la Falange comiéndose el jamón que unas horas antes estaba colgado en la despensa de su familia. "Vete a consolar a tu madre·", le dijeron. Mientras los arqueólogos rescatan los restos de aquellos cinco hombres, Senén repite constantemente una frase: "Todo lo que brota lo cortan". Tiene miedo. Miedo de aquellos que le fusilaron la infancia y de que en el comienzo del siglo XXI alguien pueda llegar a la excavación y hacerle daño. Pero el daño ya se lo hicieron y la tierra que sale de la fosa está sirviendo para enterrar su miedo. |
||
|
|